“LinkedIn, imprescindible para encontrar trabajo”.

Una pregunta que me hacen con frecuencia, cada vez que imparto un curso o doy una charla sobre el uso de Linkedin, es: “pero, ¿de verdad se puede encontrar trabajo en LinkedIn?”, cuestión a la que, por supuesto, procuro responder con toda la amabilidad y el detenimiento que me merecen las personas que vienen a escuchar mis ponencias.

Sin embargo, creo que la pregunta correcta es precisamente la contraria: “pero, ¿de verdad esperas encontrar trabajo fuera de LinkedIn?”, defiende Arturo de las Heras, director general de CEF. Y es que esta herramienta ha revolucionado el mundo de la selección, hasta el punto de que ahora mismo es la principal fuente de reclutamiento de las empresas en el mundo.

Según una reciente encuesta de Jobvite, el 80% de los reclutadores usa este canal para encontrar candidatos. Y es normal, puesto que la red social profesional por excelencia les aporta una serie de ventajas que la hacen única.

 

Se ha convertido en la principal fuente de reclutamiento de las empresas

 

 

Simplificando la búsqueda

Para las empresas, LinkedIn es un filón, ya que les permite simplificar esa laboriosa tarea de rastreo de perfiles que antes dependía casi en exclusiva de la detectivesca pericia de los headhunters. Basta con una buena definición de palabras clave para que el sistema ya le ofrezca al reclutador en un solo clic un buen número de posibles candidatos. Por otra parte, el sistema también permite publicar anuncios de empleo y a un coste sensiblemente inferior al de los portales de empleo tradicionales.

Además, la información que aparece en los perfiles suele ser mucho más completa, actualizada y veraz que la contenida en un curriculum vitae. No es lo mismo que un candidato diga que es astronauta en su curriculum vitae a que Pedro Duque o Miguel López Alegría le hayan hecho una recomendación en LinkedIn hablando de lo bien que sabe pilotar la nave espacial.

Por último, LinkedIn también sirve para que las empresas se pongan el traje de candidatos y practiquen el employer branding, mostrando su valor diferencial y haciéndose atractivas para ese talento que les está observando y que no sólo se mueve por dinero a la hora de elegir su siguiente destino profesional.

 

Ventajas para los candidatos

Pero si las ventajas para las empresas son evidentes, las que disfruta el candidato son todavía mayores. Una de las principales es que nuestro perfil de LinkedIn seguirá vendiendo nuestra imagen profesional con independencia de si estamos buscando trabajo activamente en ese momento o no. Es frecuente que a los usuarios de LinkedIn le surjan oportunidades a través de esta red sin haberlo pretendido.

Otra ventaja es la globalidad del sistema, que trasciende fronteras y nos habilita para aspirar a puestos interesantes en cualquier lugar del planeta. Este hecho resulta básico en un mercado de trabajo cada vez más internacional.

No obstante, como suele ocurrir con las cosas buenas de la vida, no todo es tan fácil. Estar presente en LinkedIn es condición necesaria, pero raras veces suficiente para lograr que esa oportunidad llame a nuestra puerta. Puede pasar, sí, la suerte es caprichosa. Pero como suelo decir al abrir mis conferencias, a la suerte conviene ponérselo lo más fácil posible. Hay una serie de pautas, en realidad muy sencillas y de sentido común, que conviene seguir cuando manejamos esta herramienta, y que, sin embargo, tienden a olvidarse con mayor frecuencia de lo que sería deseable.

 

Pautas de uso

La primera de esas pautas es ser constante. La frase “el trabajo de quien busca trabajo es buscar trabajo” no por manida deja de ser cierta. Esto se traduce en que hay que disciplinarse para dedicar un tiempo a LinkedIn todos los días, adquirir unas rutinas. Lo que llamo “buscar tu momento LinkedIn”. Cada persona debe buscar el suyo y destinar un tiempo a trabajar su red de contactos, responder a mensajes, inscribirse en ofertas o a pulir su perfil.

También es conveniente diseñar una estrategia previa y atenernos a ella. La improvisación no encaja bien con el espíritu de esta red profesional. Para ello, conviene marcarse unos objetivos y trazarse un camino para alcanzarlos.

Ir despacio y sin avasallar sería el siguiente consejo. Por muy fuerte que sea el flechazo, cuando alguien conoce a la mujer o al hombre de su vida no le pide matrimonio a las primeras de cambio. Hay todo un proceso de cortejo y mutuo conocimiento previo que resulta imprescindible antes de pasar a la siguiente fase de la relación.

Con LinkedIn sucede lo mismo. Contactar a los directores de recursos humanos para pedirles trabajo a modo de saludo no es la mejor idea. Es necesario construir esa relación poco a poco. Dejar ver que estás interesado, pero sin sonar desesperado, dando sutilmente a nuestro interlocutor motivos para interesarse por nosotros y permitiéndole visionar de qué forma nuestro perfil podría aportar valor a su organización. Respecto a este último punto, es importante orientar el perfil a logros y no limitarse a consignar títulos académicos y nombres de empresas en las que hemos trabajado.

Y ser valiente. Ya hemos indicado que no hay que atosigar, pero una red social, aunque sea profesional como LinkedIn, no es lugar para tímidos. Debemos interactuar con nuestros contactos, explicarles por qué queremos que estén en nuestra red. Transmitirle qué tipo de ayuda requieres de él o de ella. Quizá el nombre del responsable de selección de su empresa, o si hay una web en la que su organización publique procesos de selección abiertos. Y, muy importante, ofrecerle nuestra ayuda en retorno. Seguro que hay algo, por pequeño que sea, que podemos hacer por esa persona. LinkedIn es un camino de doble dirección, en el que todos nos ayudamos mutuamente.

Por último, cuida tu imagen. Ya sabes: “Solo tenemos una oportunidad para causar una buena primera impresión”. Una fotografía inadecuada o un título bajo nuestro nombre que no nos defina bien como profesionales pueden echar por tierra nuestras opciones.

 

Arturo de las Heras, director general de CEF.

 

 

Fuente: eleconomista.